Más aún, gracias al advenimiento del comercio
electrónico, la actual industria del turismo mundial
ha llegado a ser uno de los productos y servicios más
transados en la Internet. Los hoteles, los vuelos, las
ofertas de paquetes, entre otros servicios afines, están
orientando gran parte de su marketing y sus procesos de
venta hacia Internet, forzando a todos los actores de la
industria a incorporarse a los cambios tecnológicos
irremediablemente.
Es
por ello que quienes están inmersos en
este sector van comprobando que con tecnología
aplicada en forma adecuada, es posible mejorar
significativamente sus ventas.
Sin
embargo, es preciso advertir que la tecnología
por sí sola no ayuda, pues impone un cambio
que debe entenderse y aplicarse. Si se piensa
que al tener una página Web ya se subió a
la tecnología, no está transitando
por el camino correcto.
Es
importante tener en cuenta que la tecnología
bien aplicada no sólo permite mejorar
la productividad, sino también la rentabilidad
de las empresas. Si se gasta inteligentemente
un dólar en tecnología, debiera
recuperarse el doble. La tecnología apropiada,
cuando se aplica en el momento oportuno, siempre
va mejorar su rentabilidad.
El área
del turismo no escapa a esta regla y si no utilizamos
intensivamente la tecnología, el acercamiento
a los mercados globales es absolutamente imposible.
Veamos
un ejemplo: si una persona ingresa a la Internet
a través de un buscador como Google, puede
enterarse que hay una muy amplia variedad de
ofertas de alojamiento en bed&breakfast en
Katmandú. ¿De qué modo podría
enterarme que existe esa oferta en Katmandú?
o ¿De qué modo un habitante de
Katmandú podría enterarse que hay
una buena oferta de habitaciones en un bed&breakfast
en Valparaíso?
Para
alcanzar esa cobertura global, existe un solo
medio: la Internet.